Le ofrecí mi mano
y él la aceptó, y por un instante nuestro mundo se detuvo. De pronto lo miré a
los ojos y aquella
conexión que tuvimos se perdió, fue como si se hubiera extraviado, al mirar
nuestras manos lo
descubrí, él no aceptó mi mano, yo la tomé con la otra como un consuelo, porque
él, él estaba al otro lado de
la sala.
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